#MujerVioladaEsUnaMujerFeliz o cómo pueden funcionar los TT violentos

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Después de un fin de semana, en que pensé y pensé de qué tema podría tratarse mi primera publicación oficial en este espacio, este domingo por la noche llegó tristemente y sin buscarlo, uno que sinceramente no se me puede pasar por alto.

Hasta hace unas horas, uno de los TT de Twitter era nada más y nada menos que: #MujerVioladaEsUnaMujerFeliz. Los tuiteros que han estado activos con el tema, han especulado (o asegurado) quién o quiénes fueron los autores de tal tendencia, pero creo que más allá de las culpas, tanto de quien creó como de quien ha replicado la frase, me parece que es importante analizar un poco y en realidad de forma bastante rápida esta inmediatez en las réplicas de este tipo de hashtags.

Sin saberlo bien a bien, la participación de hombres y mujeres apoyando el mencionado TT, llegó a alcanzar más de 50 mil menciones. Mientras lo revisaba, notaba con bastante desagrado que las voces que intentaban denunciar la violencia y repugnancia del tema eran las menos que las de aquellos que lo compartían con sorna y con una burla acentuada. Quiero aclarar que hablo en pasado porque para esta hora (9:41 pm), la frase ya no figura en la lista de popularidad.

¿Qué se pone de manifiesto con este tipo de acciones? Creo que en primer lugar, el innegable hecho de la escala que llegan a alcanzar las redes sociales en cuanto a temas escandalosos se refiere. No es la primera vez que un tema que favorece a la violencia o la discriminación o cualquier otro acto en contra de la integridad de las personas se convierte en tendencia sin necesidad de que pasen más que unos cuantos minutos.

Y si la velocidad con la que un hashtag puede llegar a estos alcances parece cada vez mayor, lo verdaderamente preocupante es el espacio que se le otorga en diferentes localizaciones geográficas a las manifestaciones recurrentes que evidencian el estado de la violencia normalizada en la que vivimos los seres humanos y en este caso en particular, la que se ejerce en contra de las mujeres.

Las frases vulgares, los insultos e incluso el uso de imágenes explícitas de mujeres desnudas y violadas se hicieron presentes en el motor de búsqueda de Twitter, es decir, no bastando la simple mención, algunos de los tuiteros más aventurados enviaron corregidas y aumentadas sus participaciones a la tendencia.

Es muy fácil quedarnos con la idea de que seguramente más de la mitad de quienes participaron en este juego, seguramente hablan de Twitter para afuera, o que seguramente lo hacen para llamar la atención, sentirse populares en redes sociales y conseguir seguidores. Seguro también habrá quien señale que no es tan grave si se queda en las redes sociales, pero la cuestión aquí es justamente este afán por normalizar y pasar por alto las conductas destructivas e intolerantes contra cualquier persona, independientemente de su género, que se ponen de manifiesto bajo el escudo de la pantalla de una computadora.

No tomar en cuenta este tipo de situaciones y considerarlas fuera de la realidad, provoca que de forma constante, nuestro discurso no solo en redes sociales, sino en nuestras vidas cotidianas permanezca manchado por la misoginia, el odio, el racismo y todos los pensamientos humanos que se escudan en razones discriminatorias sin valor, permanezcan vivas en el día con día.

Permitir y aguantar que se reproduzcan en los medios de comunicación y las redes sociales los comentarios que excluyen y violentan a los seres humanos nos habla además de la latencia en los problemas sociales de fondo, los cuales, mientras permanecen  escondidos del ojo público se olvidan y se reactivan por momentos, como las mareas.

Creo que es complicado pensar en convertirnos en paladines de la justicia en redes sociales, porque son un monstruo que creo que la misma humanidad ya no sabe ni cómo controlar bien a bien, sin embargo, sí estoy convencida de que es obligación y responsabilidad de todos la vigilancia hacia los contenidos que revisamos y consumimos, pero más aún, los contenidos que replicamos, que decidimos compartir con nuestras comunidades virtuales.

En ningún caso, me parece justificable hacer burlas, escarnios o insinuaciones violentas a ningún grupo social por el simple hecho de serlo. Pero la cuestión es que mientras no asumamos todos que es una responsabilidad colectiva lo que permitimos o no se diga en espacios como las redes sociales, seguiremos como hasta ahora: lejos, lejísimos de avanzar. Si seguimos creyendo que el problema es de otros y no un asunto que nos involucra, permaneceremos siendo los mismos consumidores pasivos y como bien dicen por ahí, también al callar estamos permitiendo que se sigan repitiendo estas malas prácticas.

La indiferencia, creo, se está convirtiendo cada vez más en el mal que más está dañando a la humanidad.

X.

 

 

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