Educación en línea (Primera parte): Los siete mitos de la educación virtual

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Decía Marshall McLuhan que la Tierra hace mucho dejó de ser el mundo orgánico cuya naturaleza dictaba el curso de la vida. Para él, era como si el planeta estuviera recubierto por un nuevo sistema nervioso, compuesto por todas las conexiones electrónicas y mediáticas que envolvieron al mundo, literalmente, en una red.

Si bien la tecnología ha sido discusión de muchísimos debates, uno de los espacios que me parece cada vez más abordado, tiene que ver con la educación y las TIC´s, abundando cada vez más los programas ofrecidos para cursarse de forma virtual. Me detengo aquí porque recién terminé mi quinto semestre de la maestría en línea y me parece que ya estoy en condiciones de hacer un pequeño balance basado enteramente en mi experiencia como estudiante, por eso es que he aquí siete de los muchos mitos que rondan la reputación de estos nuevos métodos de enseñanza.

1.-No se aprende realmente nada en la modalidad virtual

Uno de los principales obstáculos cuando uno se decide a cursar una maestría en línea, es toparse con los escépticos que aseguran que no se aprende nada cuando no se cursa una modalidad de clases tradicional, es decir, la presencial. Lo más frecuente es escuchar quien además dice que no estudia en línea porque necesitan sentir la presión de estar acudiendo físicamente a un salón para creer que están estudiando. La realidad es otra. Claro que el feeling de estar yendo a clase y sentirse observado y abrumado con tareas y trabajos de clase es distinto a tener que trabajar en modalidad virtual. Sin embargo, si los ejercicios se plantean bien, incluso con actividades similares a los que se pueden revisar asistiendo normalmente, es posible desarrollar nuevos conocimientos y capacidades. El chiste es 1) preguntar todas las dudas posibles a los tutores aunque sean 1 o 4 mil, 2) se lean adecuadamente los materiales asignados y 3) se consulten (como debería hacerse en cualquier modalidad) fuentes extras sobre el tema que corresponde.

2.-Las materias que se cursan son mucho más sencillas que asistiendo a clases

¡Falso! Las materias pueden ser igual o peor que asistiendo a clase. Incluso podrían ser peores porque mucho del reto que implica la modalidad virtual, es la capacidad autodidacta que uno tenga para investigar por su cuenta sobre cosas que complementen lo que uno no comprende. Aquí, después de asignada una actividad, en verdad empiezan los Juegos del hambre y tiene uno que ganarle al tiempo para recopilar información, aventarse lecturas que alcanzan hasta las 200 páginas por semana y encima, entregar las tareas con un deadline que se te hace cortísimo… y bueno… si les pasa como yo que entregan todo cuarto para la hora, ni cómo ayudarnos.

3.-La exigencia de los profesores y tutores para evaluar es mucho más relajada

Tampoco es del todo cierto. Dependerá mucho de la institución, el programa y la materia que se curse para que haya un nivel bajo en cuanto a la preocupación por cómo evaluar. Debo admitir que yo he tenido de todo, pero en términos generales mis experiencias han sido buenas porque todo el tiempo estoy temiendo la baja de puntos por cualquier cosa. Y no me refiero con ello a las injusticias (que también ya me han tocado, pero no es el tema de este post), sino a sentir que si no diste un poco de esfuerzo extra en la semana, no puedes esperar que un trabajo en dos horas salga como pudo haber sido de prepararlo bien. Los maestros seguirán fijándose en que contestes bien y construyas tu aprendizaje, por eso no hay que confiarse de que revisan poco o no prestan atención a lo que se entrega.

4.-Casi no se dejan tareas

Este se relaciona mucho con el mito número 2. La verdad es que muchos programas, se basan en entregas cortas de una o dos semanas máximo, en las cuales tendrías que haber leído, tomado notas, revisado fuentes extra y contestado lo que se pide en la instrucción. La mejor forma de evaluar a la distancia que estás entendiendo los temas, es prácticamente presionar con tareas y ejercicios constantes, de tal modo que aunque no haya presencia, eso no signifique que no haya actividad. A decir verdad, los cursos que se ofrecen en la virtualidad, mantienen al estudiante más ocupado a veces que en las clases regulares.

5.-Permite una mejor disposición del tiempo en casa

¡JA! Éste sí está bueno. Yo fui de las ingenuas que creyó que por mis horarios ajustados, la mejor opción para seguir estudiando era encontrar una maestría en línea. Antes de esta experiencia, ya me había metido a hacer un curso y antes de eso un diplomado, es decir, que me ha tocado cursar diferentes niveles educativos virtuales y no puedo decir que en alguno haya sentido más relax por no estarlo cursando en persona. Al ser un programa en línea, la idea es que repartas tu tiempo (literalmente) entre toda la semana porque te dan desde capítulos hasta libros y películas que revisar. Es muy difícil pretender que en un fin de semana puedes hacerlo todo y hacerlo bien. Los materiales son nutridos y el tiempo que empleas en leerlos, entenderlos y trabajar las actividades pueden ser mortales.

6.-La oferta es limitada y muy costosa

Este también es uno de los grandes mitos de la educación virtual. Si bien es cierto que hay programas que sí resultan ser muy caros, la oferta de becas en algunos casos también es muy favorable. La educación virtual permite que encuentres programas en el país o en otros lugares como España y Estados Unidos entre otros. Hay cursos especiales en universidades nacionales e internacionales que están preparados especialmente para ofrecerse gratuitamente, hay instituciones públicas y de paga que tienen seminarios, talleres y diplomados también e incluso algunas instancias gubernamentales ofrecen una variedad amplia en su oferta. El problema real es que entre tanto mar de información, pocas veces logramos dar con la que vale la pena y se nos pasan cantidad de buenas oportunidades para continuar con nuestra formación. El chiste, es saber navegarle a la red y pescar lo que ofrecen.

7.- Los títulos o certificados no valen en “la vida real”

Eso tampoco es del todo cierto. Claro que como en todo, también la “patificación”, esto es, la creación y operación de escuelas “patito” se da muchísimo en la virtualidad; sin embargo no es verdad que todo lo que se ofrece online es así. Dependiendo del presupuesto, se pueden encontrar instituciones (como mencionaba en el mito anterior) que van desde ONG´s, escuelas, oficinas de gobierno, etcétera que ofrecen desde las licenciaturas hasta el doctorado y el título o diploma que entregan, se encuentra debidamente respaldado por quien corresponde. Hay otros casos en que los cursos se ofrecen de forma gratuita y el certificado oficial se genera por un costo extra pero en verdad, aunque parezca que no, son varios los lugares donde se puede cursar educación oficial con todo y su papelito que hable.

De este tema me podría seguir colgando como ya se puso en evidencia por acá. Sin embargo, la idea era compartir un poco la experiencia sobre lo que llega a pensarse de la educación donde las TIC’s resultan ser el insumo principal para trabajar. Por eso, bien lo advertí desde el título, seguro habrá otras partes sobre las cuales abordar que vayan más allá de la experiencia personal.

Es un reto y es complicado seguirle el paso a la virtualidad. Incluso yo muchas veces dudé de su efectividad. Sin embargo, dos años y medio después (ya concluidos oficialmente), creo que soy capaz de verle sus dos lados y aceptar finalmente que también me ha dejado habilidades que de forma inmediata no noté, pero que descubrirme aplicándolas cada vez más en otras materias, en clase con mis alumnos o en mi metodología de trabajo, me permite entender que quizás es más el prejuicio de que no podemos con el estar en línea, que lo que en verdad es estudiar así,  porque aunque suene romántica creo que cuando uno quiere acercarse al conocimiento, su capacidad de adaptación al medio por el que pueda adquirirlo, solita va tomando forma

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