Envidia por tu madre

mafalda2

La palabra en sí misma, está rodeada de voces negativas. Envidiar es desear algo ajeno, es odiar a quien lo posee en lugar de nosotros mismos, es creernos merecedores y tener el mismo derecho. La envidia es corrosiva, es dolorosa, es negativa. Envidiar es poner en evidencia que hay algo de lo que carecemos y que alguien más sí lo posee.

Por eso mismo, hablar de envida me provoca dolor en la garganta, siento cómo algo que se me atora en el pecho y me revuelve el estómago. Me avergüenza incluso poderlo confesar abiertamente: yo en la constancia de los días, experimento una de las más crueles envidias que pudiera vivir el ser humano.

El mismo diccionario me da la razón, la envidia es un pesar, una tristeza porque hay algo ahí afuera que no es mío y que no hay manera de que como sucede con lo material, pueda conseguir ni con esfuerzo, ni con dinero ni con habilidad o destreza alguna.

La envidia la siento representada en tanta, tantísima gente que me cuesta incluso creerlo. No crean que es fácil y que escribirlo de este modo me hace sentir mucho mejor, al contrario. Me está siendo más difícil reconocerme débil porque la carencia que padezco, no hay forma de remediarla, ni aunque pretendiera hacerlo.

Yo también tuve unas manos, suavecitas y tiernas que lo mismo sanaron golpes, que cubrieron la cama del frío. Alguna vez escuché una llamada telefónica preguntando mi paradero y también fui víctima del coraje por sentirme protegida de más. Recuerdo también haber reído a la hora de la comida, las bromas en Navidad y los regalos de cumpleaños. Tuve en algún punto, aunque ahora me parece que no fue real, medicina en la convalecencia, tareas escolares bien resueltas y un castigo infinito por no recordar bien de qué país es capital Paramaribo.

¿No has pensado, que allá afuera hay otros tantos que sentimos celos de ti? Te has imaginado lo que desearíamos estar en tu lugar, no por desear suplantarte ni mucho menos vivir tu vida, sino porque sigues contando con alguien a tu lado que permanece con toda la adversidad posible, sin agachar la vista hasta que la marea pase?

Me duele, me duele tanto tener que aceptarme envidiosa. Porque me percibo derrotada ante el dolor, porque parece que en esos momentos es a mí a la que vence la muerte, porque me parece que no hay llanto suficiente y que todos los días, cada día repito la tragedia cuando caminan los niños con sus madres por la calle, cuando hay tanta gente comiendo en los restaurantes, cuando se mandan flores y dulces y chocolates y yo… yo permanezco de pie sin tener a quién enviarle.

Envidio hasta la simple y llana posibilidad de pronunciar la bisilábica y melódica palabra “mamá”. Sacarla de mis labios para referirme a otra, a alguna mujer que no es la que tuve yo por madre, me hace sentir rabia y una inmensa infelicidad. Siento la palabra ajena, lejana, como si nunca la hubiera pronunciado indicando mi propia pertenencia, mi propia seguridad. Ya no tiene ningún sentido para mí expresarla de ningún modo, porque se me figura vacía y desecha.

¿Y si mejor la amas bien? ¿Y si mejor no te esperas a pensar que hubiera sido de ti si la hubieras escuchado? ¿Y si mejor recuerdas que esa voz presente, la mirada de paciencia y el abrazo inamovible son tuyos y de nadie más y que debes exprimirlos, explotarlos como si supieras que ya no queda más, igual que el mejor chocolate y el más dulce de los dulces?

Piensa que hay gente como yo allá afuera, que siente una profunda envidia cuando piensa que puedes llamarla cuando quieras, cuando imagina cada año dónde estarás celebrando esta vez. Recuerda todos los días que puedes ir corriendo a abrazarla cuando ya no sabes que hacer, que tienes con quien discutir sobre el rumbo de tu vida y con quien compartir las decisiones tomadas. De verdad, te recomiendo que no olvides cuánto dolor representa la pérdida porque somos egoístas y envidiosos y quisiéramos que todos los que amamos y nos aman vivieran para siempre, porque nuestra mente no permite aceptar la naturalidad de un ciclo de vida como verdad plena.

Cuando sientas que te olvidas de que eres uno de los afortunados porque la sigues viendo a los ojos, la sigues tomando de las manos y sigues riendo o caminando al lado suyo, recuerda que la peor envidia llega, cuando al haberlo tenido todo, al haber acariciado el cariño te lo han arrebatado sin aviso y sin consentimiento alguno.

 

4 comentarios sobre “Envidia por tu madre

Agrega el tuyo

  1. Exactamente. La gente a veces no comprende cómo puede seguir doliendo y por eso me animé a escribir esto, porque creo que también se vale reconocer que no es una envidia malsana, sino un sentimiento natural que no es contra nadie, sino con esa necesidad que nunca deja uno de sentir por tener cerca a quien ama. Te mando muchos abrazos, gracias por escribir.

    Me gusta

  2. Me llegaste bien hondo Xox. Sobre todo porque no hay palabras ni acciones que aminoren el dolor de esa ausencia, no hay nada que haga de esa fecha algo menos gris, porque yo también quisiera pasar ese día como anestesiada y porque nadie va a entender ese dolor hasta que pase por lo mismo. Mientras nosotras nos quedamos aquí a librar nuestras propias batallas, con la esperanza de reencontrarnos con ellas algún día.

    Me gusta

    1. Yo sé. A veces también no nos animamos a ser verdaderamente honestas con ese dolor que es tan particular. La ausencia también debe sentirse o de otro modo permanece no latente sino bien presente. Te mando abrazotototote

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Casa Octavia

Residencia para Escritoras

Semiósfera vital

El espacio de encuentro y debate en torno a la semiótica, la comunicación y la cultura

Fantasmagorías

Lo que pasa por mi cabeza hecho blog.

A %d blogueros les gusta esto: