La magia del (des)orden

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Curiosamente, igual que lo hice el año pasado, escribiré de nueva cuenta sobre las implicaciones del ajuste en los espacios. No sé si eso es triste o no, porque en 2018, igualito que hoy, lo primero que me puse a escribir para retomar el asunto del blog fue el momento por el que atravesábamos en pleno inicio de remodelación. Spoiler alert: no remodelamos nada. Pintamos, sacamos y donamos muchas cosas, despegamos mi infancia de la puerta de mi cuarto y tal, (para más información sobre ese tema, puede usted consultar el post El síndrome del sticker (Parte I)  en este mismo blog)  pero realmente no logramos modificar gran cosa de la casa. Por eso es que no sé si es tan triste o no el caso. Otro spoiler: tampoco siguió caminando el blog. En fin…

El chiste es que este año, empezamos nuevamente con ajustes domésticos, pero en esta ocasión mucho más de organización que de otra cosa. Suena un poco bobo (seguro lo es), pero puedo echarle un poco de culpa a la japonesa Marie Kondo y su programa en Netflix. Confieso que el año pasado -igual por estos días- había comprado sus libros “La magia del orden” y “La felicidad después del orden”, pero aunque empecé con ellos, no logré terminarlos por muchas razones. Víctima de la moda, la mercadotecnia o lo que sea que haya hecho que Marie tenga tanto eco, yo también quise subirme al tren de buscar sentirme mejor ordenando cosas, aunque eso no es novedad en mi vida. Mucho antes de conocer a esta chica, cuando era niña, gran parte de mi tiempo lo pasaba reacomodando mi cuarto, tirando cosas, sobre todo papeles y organizando mi clóset y eso, honestamente siempre me dio cierto grado de paz mental. La diferencia esta vez, creo que fueron algunos detalles que percibí mientras ordenaba.

Para empezar, debo reconocer que solo he retomado algunos aspectos del método que propone Marie, sobre todo porque en mi casa -que es su casa-, hay muchos objetos que pertenecen a otros miembros de mi familia, y en su mayoría los platos, sartenes, cubiertos y muebles en general (es decir, los objetos de uso básico y cotidiano), son parte del inventario de la casa desde hace mucho tiempo. Es como si hubiera llegado a vivir en un lugar previamente amueblado o estuviera cuidando una casa que ya tiene todo listo para hacer uso de ella. Esto tiene sus particularidades: es bueno porque no hay que preocuparse por estos temas, pero tampoco no es tan positivo porque es como seguir en la misma inercia de una treintena de años (en mi caso).

Entonces, ¿cuáles fueron los aspectos que he retomado del método KonMari y he combinado con mi propia experiencia?

  1. Encontrar lo que produce felicidad. 

Sobre este primer punto, creo que Marie tiene razón cuando pide que sus clientes elijan comparando lo que les hace sentir bien y lo que no. A veces, conservamos las cosas porque nos remiten a tiempos mejores, o sea, por pura nostalgia. A veces, porque según nosotros se ofrecerá más adelante o porque -en el caso de la ropa-, ya no nos queda pero bajaremos de peso y lo solucionaremos o todas esas razones que buscamos para no deshacernos de las cosas. Mi papá es un caso típico en que su volumen de objetos (papeles, ropa, zapatos, medicinas) es muy grande y tiene cosas almacenadas que yo creo que ya ni recuerda. Antes me molestaba mucho porque sentía que eso obstaculizaba mi propósito para ordenar, pero pensándolo mejor me doy cuenta que debe ser realmente difícil para él por algún motivo que no conozco, el vaciar sus espacios. Para mí también lo ha sido cuando he tenido que deshacerme de prendas que me gustan mucho o notitas de amigos que ya solo están empolvándose y ni qué decir de lo que fueron las pertenencias de mi mamá.

No obstante, creo que es muy buena idea valorar de este modo los objetos, para alcanzar a diferenciar lo que de verdad nos hace sentir tranquilos o contentos al usarlos.

     2.  Agradecer el propósito y la utilidad de las cosas.

Sobre esta misma línea, está la idea de agradecer por lo que pudimos disfrutar o aprovechar los objetos que también me gusta. En esta ocasión, cuando he acomodado las cosas para donación o ya para tirarlas, he tomado unos minutos para pensar en qué contexto las adquirí, quién me las regaló o algún momento bueno que pasé usándolas. Esto me hizo pensar en esta frase que dice “fue bonito mientras duró” y sí… pero es que también está esta otra de que “nada es para siempre” y eso no necesariamente es malo. Además de todo, la mayoría de lo que estoy retirando está en muy buen estado y estoy segura de que podrá seguirle sirviendo a otras personas que no han tenido la misma oportunidad que yo para comprar algunas cosas.

Por esa razón, tampoco me gusta pensar en vender lo que ya no uso, aunque mi papá me lo haya sugerido en más de una ocasión. Si bien, el dinero extra no nos cae mal a nadie, la verdad es que me hace sentir mucho mejor poder compartir esto que ya no voy a usar con otras personas, sin esperar nada a cambio. Es un sentimiento bonito.

3. La forma de guardar y acomodar

Este es un asunto mucho más práctico. Todavía no he terminado de comprobar al 100% su efectividad pero a diferencia del año pasado, esta vez sí intenté hacer un acomodo “cercano” al que Marie Kondo sugiere, desde el doblado de ropa hasta el uso de cajas y divisiones para acomodarla (igual que con otros artículos). Lo que sí noté fue una reducción importante en el espacio que estaba acomodando: desde siempre, en casa hemos tenido ropa en todos los armarios de los cuartos, repartida por doquier y de todo mundo. Esta vez, hice tanto trabajo de doblado y reasignación de espacios, que logré por fin que mis cosas y las de mi pareja cupieran en un solo armario: el del cuarto que ocupamos. Tenemos un extra de chamarras muy bromosas en otro lugar, pero es lo menos comparado con todo lo que estábamos repartiendo por todas partes.

Creo que tengo que darle una oportunidad a ver cómo fluye en el día a día este tipo de organización, pero el hecho de saber siempre el lugar que le corresponde a cualquier objeto que tenga en la mano, me genera un sentimiento de mucha tranquilidad.

4. Armarse de paciencia 

Esta es una de las más difíciles. En uno de sus programas en Netflix, Marie explica que cuando se empieza a ordenar, parece que el espacio está todavía más desordenado. Obviamente yo tuve ganchos para ropa, papeles, documentos importantes, zapatos y todo tipo de chunches regados a cualquier lado que se volteara la vista (todavía es así), pero cada que siento desesperación, me acuerdo que es un proceso que va caminando y todavía no está terminado del todo.

Claro que me molesta mucho ver que hay cosas que nada más no sé dónde poner, o que sigue viéndose la montaña de bolsas, pero trato de pensar que eventualmente todo cabrá en su sitio y entonces podré continuar la labor. Creo que es algo que debe trabajarse, porque ciertamente puede ser un motivo para caer en el desánimo. Mi estrategia en este caso fue tomar pequeños descansos y detenerme un poco para ver algún capítulo de las series que estoy siguiendo o leer algún pasaje de un libro. Me sirvió también para recuperarme porque la que más está sufriendo con el asunto KonMari ¡es mi pobre espalda!

5. Visualizar lo que sigue

Finalmente, uno de los consejos que esta mujer japonesa añade es que cuando ordenes tu casa, pienses lo que te gustaría hacer no solo en ella, sino en prospectiva, algo así como el estilo de vida que quisieras tener. Para mí esto se traduce en tiempo para hacer ejercicio, pasear a nuestro perro y escribir (como este blog), pero también implica poderle hacer por fin las mejoras necesarias a la casa que tanto quiero, pero que sigue conservando la inequívoca personalidad de quienes ya no viven en ella. A veces pienso que lo que me detiene de pronto es creer que fallo especialmente a la memoria de mi abuela y mi mamá, pero cuando esto me pasa, también me descubro sintiendo lo que me atravesaba la cabeza cuando era niña y se me exigía de algún modo, respetar el orden y la disposición del espacio.

En efecto, cuando se es pequeño uno vive en una casa que no es suya y debe respetar las reglas, pero este lugar se ha convertido ahora en un hogar a mi cargo y por lo tanto no le fallo a nadie si la ajusto a lo que ahora es mi ritmo de vida, las personas que convivimos en ella, la mascota que ahora tenemos y las personas que espero recibir. Además de todo, si alguien era fanática de estar cambiando y mejorando aspectos de la casa era mi mamá, así que creo que más bien estaría contenta de ver que reacomodamos y rediseñamos (también creo que le habría encantado ver los programas y los libros de Marie Kondo, su fanatismo por el orden no tenía fin).

 

Y bueno, el tema todavía seguirá vigente y me mantendré explorando cosas que me han gustado de este enfoque y otras que no me encantan tanto (por ejemplo: por mi trabajo y mis propias aficiones, limpiar la categoría de libros como propone Marie me resulta imposible), pero creo que podré irlas compartiendo por aquí conforme las vaya digiriendo. Ya les podré contar mis avances y retrocesos. Me sirve para aprender y también para seguir escribiendo…

 

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