Investigar para crear comunidad

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Afortunadamente, recibí otra vez la invitación para colaborar con un artículo para el número 113 de Nexum, la publicación interna de la Universidad Latina de América, esta vez con la idea de compartir con la comunidad universitaria la importancia de hacer investigación, una actividad muy noble pero también muy demandante.

En esta ocasión, lo más bonito de la nota, no fue el tema en sí mismo, sino la forma en la que se construyó un texto de forma colectiva, uniendo todas las voces de los profesores de tiempo completo que integran la planta académica de la institución y quienes tienen hoy por hoy la encomienda de fomentar y desarrollar actividades de esta naturaleza.

Cuando recopilé las ideas de todos, me di cuenta de que lo que piensan se comparte y se complementa entre sí y entendí una vez más por qué y cómo funciona la sinergia entre este grupo así que realmente, mi única misión redactando, fue igual que agarrar un hilo para poder coser una pieza única.

Como siempre me pasa en estos casos, en lugar de contabilizar los caracteres mientras escribía, iba contando las palabras, por lo que la versión final que quedó en la publicación es ya un ajuste de lo que había escrito. No obstante, aprovecho que tengo este espacio para compartir la “versión extendida” del mismo texto.

Agradezco infinitamente la participación de todos los docentes que lo hicieron posible, pero más por el trabajo y el esfuerzo que hacen todos los días y que me permiten atestiguar. Soy afortunada de formar parte de un equipo así.

Así que sin más, acá  les dejo el artículo original:

 

“En algún lugar, algo increíble está esperando ser conocido”, de la autoría de Carl Sagan y compartida por Karina Ávila.

La etimología universitas, se traduce como el cúmulo de cosas presentes en el universo. Otra acepción refiere a lo que se pone en común, lo que funciona de manera conjunta: una comunidad. Derivada de esta raíz, la palabra -y el concepto- de universidad implica la esencia de lo que es el trabajo al interior de una institución de educación superior y que para Mónica García podría definirse como el espacio donde se encuentra la universalidad de ideas y conocimientos. Se trata pues de una conjugación de personas, ideas, actividades y campos disciplinares distintos, que todo el tiempo se vinculan y organizan alrededor de una de las herramientas más importantes y poderosas que ha desarrollado el ser humano: la educación.

En ese sentido, uno de los ejes que fortalecen y dan razón de ser al trabajo académico universitario y permiten “hacer comunidad”, no es otro que la investigación, un término que no siempre ha gozado de la mejor reputación entre docentes y estudiantes, por suponerse compleja y laboriosa, pero sin cuyas bases sería imposible el avance de nuestras sociedades modernas, tal y como lo describe Andrea Tafolla cuando dice que: “no solo incrementa el conocimiento científico de la sociedad, sino que le indica el camino para encontrar su propio significado, para generar nuevas ideas y cuestionar creencias”.

Se puede decir que la importancia de generar y desarrollar investigación al interior de cualquier universidad es que ésta va más allá de los límites y especializaciones de cualquier campo disciplinar al que pudiera intentar ceñírsele, como señala Mireille Merlos, porque es su objetivo máximo alcanzar el conocimiento, ese bien que es común y al cual todos deberíamos tener libre acceso.

Sin embargo, a veces llegamos a considerar que el trabajo investigativo está únicamente destinado a personas con ciertas características o preparación académica: nos imaginamos que es algo que ocurre en esferas lejanas como grandes laboratorios o países con mayor desarrollo económico, pero la realidad es que la investigación no solo ocurre ahí, sino que tiene una esencia mucho más común y cercana a todos nosotros como nos cuenta Viviana Ramírez: “investigar es decirle que sí a la curiosidad más insistente”. En efecto, esa cosquilla o intuición por tratar de entender un fenómeno o un problema de la realidad, esa serie de dudas que se nos vienen a la mente cuando vemos algo que nos llama la atención, son el fundamento que permite construir los problemas de investigación. No se trata únicamente de reproducir las reglas del ya conocido método científico, o de dominar ampliamente los temas de física, biología, antropología o economía, sino de atender a una necesidad, buscar aportar algo nuevo o mejorado a lo que ya existe y seguir las pistas que permitan resolver una problemática en nuestro ámbito de desarrollo académico.

Para Carmen Espinosa, la investigación en la universidad se trata justo de eso: de proponer algo que logre cambiar la vida de quien investiga y la de la gente a su alrededor, que estudiantes y docentes “reinventen el mundo” y puedan hacerlo un lugar mejor para habitar. Todos los que formamos parte de una comunidad académica debemos entender que la investigación no se reduce a la entrega urgente que hay que tener para una materia, ni a elaborar y defender una tesis, sino que debe interiorizarse como una serie de habilidades para lograr discriminar información, contraponer lo que se ha dicho o hecho antes, es decir, cuestionarlo todo, y proponer nuevas alternativas de resolución para un fenómeno dado. Además, su función última debe situarse como beneficio colectivo y al servicio de la humanidad.

Para la Coordinación de Investigación y Colegiado Docente de la UNLA, “la ciencia son los ojos de la razón” como señala Erasto Hernández y por ello creemos firmemente que debemos reivindicar el papel cotidiano que tiene la investigación y pensarla como un proceso que debe instaurarse plenamente en cada aula, a través de estrategias que demanden cada vez más que estudiantes y profesores desarrollemos un sentido crítico, que nos haga preguntarnos si aquello que recibimos del mundo exterior es válido, pues hoy día el mar de estímulos que nos rodea exige competencias y habilidades de búsqueda y depuración de información, pero también demanda nuestra transformación en agentes de cambio social.

Es cierto que desarrollar investigación requiere tiempo y mucho esfuerzo, pero consideramos que es posible tomar ese camino de forma gradual, involucrándonos en proyectos cada vez más complejos que tengan salidas tangibles y aplicables a la realidad que hoy nos toca vivir. Porque además, no podemos pensar que la investigación es un ámbito que se circunscribe al tiempo en que nos encontramos formándonos académicamente, es decir, que debemos procurar fortalecer nuestras capacidades investigativas sí, dentro de la universidad, pero para lograrlas aplicar al egresar. No se trata solamente de estar al tanto de las tendencias que surgen en cada campo disciplinar, se trata también de cuestionarlas, de pensar incluso en mejorarlas y a la vez abrir el abanico de posibilidades sobre cualquier tema.

Investigar es pues, un proceso que se construye día con día como esta analogía compartida por Adrián Saldaña: “es el paseo del estudiante por baldosas colocadas paso a paso por docentes para llegar a la sombra cambiante del árbol del conocimiento”. Aquí en la UNLA, fortalecerla es una tarea que nos corresponde a todos cada día, es un ejercicio responsable de la producción, desarrollo y difusión del conocimiento que nos constituya como comunidad, así como señalábamos al inicio de este texto.

La investigación es algo que permea y compete a todos los programas académicos en la UNLA sin excepción alguna y con la interdisciplina como una de nuestras principales fortalezas, estamos convencidos de que podemos lograr grandes cosas, como lo hemos estado haciendo durante los casi 30 años que tiene nuestra universidad y en esta área estamos comprometidos a encontrar nuevas perspectivas que puedan explorarse, en aras de consolidar esta pieza de nuestra columna vertebral.

En la Coordinación de Investigación y Colegiado Docente queremos trabajar de la mano de docentes y alumnos en el desarrollo de nuevos proyectos y propuestas de investigación y queremos mantener las puertas abiertas para todo aquel que desee sumarse para que podamos aprender todos juntos. Los retos son muchos, pero podemos enfrentarlos. Anímense y acérquense a nosotros. ¡Construyamos comunidad!

Nota realizada con las aportaciones de los profesores de tiempo de Investigación y Colegiado Docente.

 

 

 

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